jueves, 9 de octubre de 2008

GRACIAS


Gracias, Señor, por el amanecer de hoy. Qué suerte tuve de pillarle a tiempo. Tú sabes que algunos se me han ido sin contemplarlos aunque también tuve muchos, muchos preciosos. Adoro tu magnanimidad con todos los hombres y en especial conmigo, que me pasé la vida protestando. ¿Recuerdas cuando mi madre me llamaba "tormentón"?, ahora me pesa haberla atormentado con mis inconformidades. Si esta noche pasa por tu lado no te olvides decirla que lo siento.

Pero hoy, Señor, la mano de mi Angel me arrastró a fuera de mí, casi a la fuerza, para que no me perdiera los colores con que habías pintado la salida del sol. Nada que ver con el amanecer que quise retratar este verano a las seis de la mañana y que salió todo obscuro y feo. Con eso aprendí algo, que los amaneceres es mejor pintarlos que retratarlos. Las máquinas, por muy digitales y avanzadas, no dejan de ser máquinas, frias, técnicas... Las pinturas, los pinceles y la mano del hombre cuando tu la diriges crean reflejos y luces, se llama Arte, de las que has depositado, al calor de tu presencia y de tu sufrimiento, en nosotros.

Realmente, después de llenarme de la poesia y del fuego del sol el día transcurrió normalito, pero mis ojos llevaban otra luz, hasta lo noté en las miradas de los que se cruzaban conmigo cuando iba camino de la clínica. Y en la sonrisa aduladora del practicante que buscaba mi vena. Para mí que miró donde no debía porque, fíjate Sañor, el moratón que me ha dejado, si hasta parece uno de esos estigmas que salen a algunos santos. Por tí, que no me tomo a broma esas manifestaciones que has tenido con algunos privilegiados. Es que, sabe Dios, digo Tú, hasta cuando me va a durar esto.

Bonito amanecer, bonito... Y ya conoces lo dada que soy a enlazar, por cierto ahora se dice hacer un link, unas cosas con otras a veces sin pies ni cabeza. Pues esta noche en que estoy agradeciéndote el amanecer de hoy, me ha venido a la cabeza otro recuerdo de la niñez de mis hijos, donde el Angel de Daniel actuó con precisión pero a mi juicio algo tarde.

Seguro que te acuerdas porque Tú no tienes memoria, en Tí todo es presente. no quiero ni descubrir todavía la cantidad de años que han pasado, pero entonces yo sólo tenía treinta. Julio estaba de guardia en el Tercio Sur. hoy Tercio de Armada, y ya de madrugada escucho una extraña tos en la habitación de los dos niños, las tres niñas dormían en otra. Era una tos apagada pero lo suficientemente distinta a otras para que una madre se despierte. Al ir a su lado le encuentro medio asfixiado, la boca jadeando como la de un perro . No dudé ni un momento, subí con él liado en una manta al piso de arriba y sin importarme la hora hice sonar el timbre del único vecino de la casa que tenía coche. LLamo, llamo hasta que consigo despertarles. Ni mala cara pusieron al ver mi estado. De inmediato él me llevó al Hospital de Marina, donde ya me conocían por mis cinco partos, y el médico de urgencias, que casualmente pasaría años después destinado al Colegio de Huérfanos (C.H.A.) de Madrid donde estudiaron mis hijos y que andando el tiempo mi padre le consiguió un puesto en el que aún se llamaba Hospital Francisco Franco, construido bajo la Presidencia de Don Carlos Bueno y mi padre como Interventor General de la Diputación Provincial.
Como tengo la certeza de que contigo me está escuchando, no parará de mover la cabeza para decir: "hija mía como te enrollas, no me extraña que aprobaras los escritos sin decir nada de lo que te preguntaban". Es que recuerdo la discusión que tuvo con el Presidente que no me quiero callar. Cuando le dijo que iba a ponerle el nombre de Franco a aquel hospital, que se había levantado con tanto cariño y tanto esfuerzo de presupuesto y trabajo, papá, si andas por ahí: ¿A qué tú le aconsejaste que no le bautizara así porque ese nombre no iba a perdurar?. Tu opinión era que llevase el mismo nombre del que habia partido la iniciativa de tan estupenda obra, es decir del propio Presidente Don Carlos Bueno eminemte médico. El, que era un hombre íntegro y humilde rehusó tal honor. Y ya ves papá, tenías razón hoy se conoce por el de otro ilustre doctor Gregorio Marañón.

Y retomando el relato de mi hijo Daniel que tendría unos cuatro años. Al dejarle en manos de Enrique Acción, mis nervios se desbaratarón del todo porque el pobre señor no tenía ni idea de lo que le ocurría a mi pequeño. "Parece una difteria", decía, "por la forma en que se le mueven las aletas de la nariz" y el chiquillo en la camilla que se ahogaba. Habrá que hacerle una traqueotomía, no puede respirar. Fue sólo un instante, pero llegué a ver una alas blancas batiéndose en el aire , entre la cabeza de Daniel y la del inútil doctor. y de improviso se le hizo la luz y dijo: "hermana, vamos a ponerle un Urbasón y mañana que le vea el pediatra". Mágica palabra y la monja que se hace la remolona :¿Ha traído usted los vales de farmacia para rellenarlos?. ¿Quee?, "yo no puedo darlo si no hay vales", Fui hacia ella y si mi vecino no me sujeta, hubiera sido mi primera bofetada a una hermanita de la Caridad . Ahora que gritar sí que la grité. Al instante siguiente el Urbasón abria la glotis de Daniel y una bocanada de aire devolvía el color a su carita asustada. Espasmo de Glotis, dijo el pediatra nada más reconocerle.

Desde entonces aquella mágica medicina no ha faltado en el botiquín de mi hogar. Me ingresé con él esa noche y Rogelio, mi vecino, regresó a su casa, entre él y su mujer cuidaron del resto de mi prole.

¿Y cual es la relación con el amanecer bonito de hoy?, ya, no me he olvidado, pero quería contar antes que Enrique Acción, cuando el hospital se llamaba Marañón, fue quien descubrió el cancer de mi padre, con la tremenda circunstancia que él falleció de manera repentina sólo, sin compañía, en su casa, creo que de Extremadura, unos meses antes que mi padre.

Al fin el link con el amanecer. Cuando Daniel dormía y respiraba tranquilo el amanecer gaditano me entró por la ventana del Hospital de San Carlos, y mi rezo a Tí, mi Dios, se convirtió en poesia que anoté en la primera hoja de un diario color rojo que los Reyes Magos me habían dejado la noche anterior. Hoy lo he buscado por todos los cajones personales, pero son tantos que no he podido dar con él. Y lo siento porque no la recuerdo del todo. Sé que era muy corta y terminaba en algo parecido a esto:
En medio del dolor y en medio de mis lágrimas,
recuérdame, cuántas madrugadas, he tenido que volver,
para darte las gracias.
Algo así.
Y gracias Señor, por todos los amaneceres de mi vida y por los que sé aún me vas a seguir brindando.
Pintura: Impresión: Amanecer de Monet
Me da la impresión que este cuadro de Monet no tenía los colores tan vivos, debe ser cosa de internet.
Preguntaremos a Arcendo que seguro que lo sabe

6 comentarios:

M. Jose dijo...

Precioso todo lo que he leído en tu post.
Siempre hay que dar gracias por todo y el amanecer es un momento propicio para ello
Un saludo
MJ

ANAROSKI dijo...

ëstas aqui

Si es asi mandame un mail, y voy a verte.

Un besito.

Terly dijo...

Como dicen los italianos, Militos, "se me ha puesto la piel de oca" leyendo esos momentos tan angustiosos, cuando se ve que la vida de un hijo se te escapa. No me extraña en absoluto que no olvides nunca ese amanecer. Sigue buscando porque me gustaría mucho poder leer completa esa poesía escrita de una manrera tan expontánea.
Un Beso.

Militos dijo...

Terly: la buscaré, pero con tantas mudanzas que he hecho en mi vida, cualquiera sabe si lo perdí por el camino,
Un beso

maria jesus dijo...

Militos,cuantas gracias tenemos todos que dar a Dios.Me encantan los amaneceres aunque en Madrid no se disfrutan tanto como cerca del mar pero es verdad que ayudan a acercarse a Dios.Un beso

Militos dijo...

Tienes razón Maria Jesús, en Madrid ya no se puede contemplar nada, tienes que imaginártelos.
Un beso