viernes, 31 de octubre de 2008

28 DE NOVIEMBRE DE 1971


La tristeza imparable de Noviembre, ha hecho en mí su presa y la meláncolía va apoderándose poco a poco de mis miembros. He tenido que parar en seco el sprin final de mis tareas domésticas e intento hurgar hacía dentro, buscando el mecanismo averiado en mi ánimo, de suyo equilibrado. Ha saltado una alarma en mi interior y vislumbro esa luz intermitente que me avisa de un inminente fallo. Todo lo he abandonado y acudo a este cuaderno, como tantas veces, como cuando era una cría y algo no iba bien. Tengo que averiguar la causa de esta avería.

Puede que la culpa sea del tren. Ayer escuché una vez más su ronca bocina y algo se removió en mi vida apacible. Todo obscuridad en torno a la danza de estrellas en lo alto, mientras yo en lo bajo, tendía la ropa en la terraza. Aquella llamada repentina de máquina y vagones, me pareció que sólo por mí se había hecho sonido en la noche. Transcurrían las últimas horas de mi santo y cumpleaños y cosa rara no me sentía defraudada. Julio seguía de maniobras con sus guerrilleros y los niños con sus ahorros, me habían comprado un bonito ramo de flores que ingenuamente guardaron en el frigorífico la noche anterior para que se conservaran bien. Pensando que no iba a descubrirlas las metieron en el cajón de las frutas y verduras. Pero Raquel (por entonces era la pequeña) vino hacia mí y me dijo: "Te hemos compado un millón de rozas, pero no lo digaz." Sin querer la sorpresa acababa de destaparse, pero el valor del regalo se duplicó al instante.

Sin embargo, aquel tren que yo suponía cargado de viajeros en busca de nuevos destinos, no paraba de remover mi rebeldía innata. Tal vez por eso ahora, no puedo enfrentarme a las cosas revueltas hasta que haya desligado de mi cabeza las entreveradas ideas que , desde anoche, iniciaron su persecución intensa. A mis espaldas un aparato aguarda su descarga y con la boca entreabierta parece resignarse a ese segundo lugar que ocupa en el orden del día. Primero las ideas, después los utensilios.

¡Desolación!. No puedo evitar que, como siempre desde que soy ama de casa, algo dinamite este proceso de selección de tareas. Algo tan simple como la vecina de arriba sacudiendo alfombras. Algo tan simple como eso ha transformado mi día en uno más y el trabajo que aguarda imposibilita toda abstracción.

Estoy contenta, he acudido a la cita ineludible de Noviembre y quedo feliz. Aunque se entremezclen nostalgia, melancolía, subir al tren... con Azucar, patatas, plátanos... de la lista diaria de la compra. Tengo un millón de rosas y mi cerebro sigue capaz de vislumbrar luces intermitentes.
PD/
Terly, no es poesía, pero éste sí estaba fechado.

I'm a train, albert Hammod

10 comentarios:

Terly dijo...

Militos:
Lo de que no es poesía te lo dices tú, yo sin embargo considero que este post que nos transporta a Noviembre de 1971 es una autentica poesía que te deja un tanto tocado.
¿Nostalgia? ¿Tristeza? ¿Conjunto de una y otra? yo creo que esto último pero en cualquier caso escrito de maravillas y con la sensibilidad de una gran poetisa.
Sigue... continúa buscando y sacando papeles porque hasta ahora lo que vas encontrando es ARTE.
Un beso y más ramilletes de flores.

M. Jose dijo...

Siempre hay algo que nos alegra esas horas y días de tristeza...verdad?
Me alegro por ti
Un beso y buen finde
MJ

Raquel dijo...

Mamá, ¡enternecedor y melancólico, al mismo tiempo!.
Ahora, de mayor, jeje, puedo entenderlo todo y, cuando leo tus recuerdos, a tí mucho mejor aún.
Esas listas de la compra, esas tareas del hogar..., esa maldita soledad y eso que nos tenías a todos! pero, aún seguía siendo maldita, verdad?.
Me ha gustado muchísimo leerlo, yo, lógicamente, era una enana, no recordaba nada del momento pero, puedo imaginarlo como si fuese hoy aunque, menos mal que ciertas cosas han cambiado, eh?.
Besiños y ánimo. Raquel

Militos dijo...

Raquel ¿no te había recordado nunca lo del millón de rosas?, la verdad es que me acordé muchas veces, pero al verlo hoy en los cuadernos me apeteció escribirlo. Pero te equivocas yo no me sentí nunca sola con vosotros y la guerra que dábais. Cualquier cosa menos sola. Lo que pasa es que siempre fui una nostágica de todo, pero yo creo que es algo innato en los que nos gusta escribir poesia.
Besitos y gracias por el millón de rosas

Militos dijo...

Gracias Terly, desde tu condición de poeta ¿Puedes decirme si la nostalgia va en cierto modo unida a la poesía?. Lo que ocurre es que a tí te veo siempre alegre. Pero creo que la alegría es compatible con la nostalgia ¿O no?. La tristeza es otra cosa, yo no me he considerado nunca triste, sino morriñosa.
Un beso

Militos dijo...

gracias M. Jose que tengas tú también un buen finde. Siempre, siempre hay algo si sabes encontrarlo. Un beso

Terly dijo...

Para mí, sin duda, Militos, la nostalgia tiene mucho de poesía y la poesía de nostalgia, así como también considero que la morriña tiene algo de tristeza. En cuanto a la alegría que dices ver en mí, es variable, como el tiempo. El Otoño, aunque bello, me produce tristeza, no puedo evitarlo. En este momento está lloviendo, y al mirar por la ventana se me está encogiendo el corazón.
Un beso.

Militos dijo...

Gracias Terly: no me has sacado de la duda, pero me identifico contigo. La lluvia que es tan necesaria para la vida de todos los seres vegetales, animales y personas, también a mí me produce melancolía.
No te pierdas por favor el post que ha escrito hoy Raquel detrás de éste.
Un beso melancólico.

Anónimo dijo...

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