lunes, 27 de abril de 2009

DE PASEO









El día no amaneció muy apacible, pero me levanté con unas ganas irreprimibles de pasear. Este tipo de incontención debía ser parecida a la que sentían los españoles por las películas porno allá en los años cincuenta que dicen que hasta atravesaban los Pirinéos por ir a verlas. Sin embargo, al final pude controlar mis deseos cuando ya tenía la mano en el picaporte de la puerta. ¡Ba!, dije, acordándome del peligro al parecer controlado (ya sabemos lo que significa controlado para el gobierno) de gripe porcina: me quedo en casa o mejor paseo por ella.


Hace mucho tiempo que no hago este ejercicio relajado de pasear por el hogar. Es lo malo que tenemos las amas de casa, sólo la contemplamos en función de arreglo y limpieza, no somos capaces de disfruutar de otro modo y eso a pesar del tiempo invertido en elegir muebles y decoración a nuestro gusto. Pasear, lo que se dice pasearla, nunca...

Hoy me decidí y lo hice.


El largo pasillo, siempre me recordó a aquellos chistes de Gila cuando decía que era tan largo que la sopa llegaba fría a la mesa. Así es el de mi casa, casa antigua naturalmente, las de ahora son más amorosas, más dadas a la convivecia, las habitaciones pegaditas entre sí, impiden el aislamiento de los miembros de la familia, alguna ventaja había de tener las estrecheces. Como iba diciendo, el pasillo si lo tengo paseado. La mayoría de las veces con el rezo del Rosario, yendo y viniendo por él. Por cierto, recuerdo cuando encontré a mi hija pequeña, en su dulce edad de tres años y aún no había despuntado como rottweiler, imitando esta clase de paseo mío con un rosario en la mano, que no sabía rezarlo, y al preguntarla por lo que estaba haciendo respondió que rezando para que no le pusiera esa tarde el supositorio. ¡ Hay que ver en lo que se fijan los críos!.


Estoy disfrutando con esta caminata relajada, contemplando habitación por habitación, sin caer en la tentación de cambiar nada de sitio, esta mañana es como si recorriera al Museo del Prado.¿Se imagina alguién que a las amas de casa nos diera por mover de sitio los cuadros que a nuestro juicio no iban bien en el que se les había asignado? ¿O pasar el dedito por las Meninas a ver si tenía motitas de polvo? Cualquier cosa se podría esperar de nosotras si nos dejasen a nuestro libre albedrío. Bueno, pues eso mismo se debe hacer en el hogar de vez en cuando, contemplarlo extasiados/as (ya sabéis que no me gusta esto de la diferenciación gramatical sexista, pero en este caso es interesante remarcarlo). La casa es un museo lleno de obras de arte, con el nombre de cada autor que poco a poco ha ido dejando su huella en unos y otros rincones. Hay que saber valorarlas, no sólo en función del orden o la limpieza, sino por encima de todo, en función de la vida y el amor que se encuentran esculpidas en ellas.

Las imágenes que ilustran estas líneas son una pequeña muestra de lo que quiero decir, pertenecen a la habitación de mi nieto y son sus pertenencias favoritas. Como se puede comprobar no es hincha del Real Madrid. Esto si es una pena, pero yo lo respeto porque es su obra.

2 comentarios:

Terly dijo...

De esas obras de arte, Militos, tuve yo mi casa llena. Obras de arte que fueron plasmando mis hijas cuando eran pequeñas y que ahora con maestría renovada las ejecutan los nietos. Pinturas rupestres que nada tienen que envidiar a las de las cuevas de Altamira o dibujos difuminados al óleo en los tapizados del sofá.
Benditas obras de arte que llenan la casa de vida.
Un beso.

Militos dijo...

Terly: eso si que son obras de arte. ¡Tenemos un tesoro!
Un beso, amigo