sábado, 18 de abril de 2009

ARMONIA



Querido y esperado Claudio Abbado:
Al fin has llegado a mí. Nadie pensaría que te aguardaba con ansia, que la mitad de mi ser tiraba hacia tí con una necesidad imperiosa. Ya estás aquí y yo no moví ni un dedo para atraerte, nunca lo he hecho por nadie, creo que, entre las personas, todo debe moverse con libertad. El que llega, llega porque quiere, por mucho que una lo desee han de ser los otros quienes vengan a tí. Es verdad que la fuerza del deseo ejerce también una atracción semejante a la del imán, pero no se obliga con palabras ni con acciones a tener o retener a nadie a tu lado.
Desde tu rostro cargado de simbolismo, parece como si quisieras preguntarme algo y te voy a responder antes de que formules la pregunta, antes de que interrumpas la recreación del inalcanzable Mozart, antes de que tu mano expresiva y conductora de orquestas y partituras deje de suplicar silencio, o mesura en la ejecución de notas y violines, voy a satisfacer tu curiosidad.
¿Por qué te necesitaba en mi estancia, acompañándome en esta pequeña habitación donde cobijo mis sueños y despertares?
Tenías que venir tarde o temprano, tenías que estar aquí conmigo porque la armonía de mis días estaba desapareciendo y tú, sólo tu con el milagro de tu vida, a pesar del cancer de estómago que una vez extirpado te obliga a alimentarlo cada dos horas de manera frugal; con el milagro de tu constante inspiración, de esa que se desborda por los rasgos marcados y el gesto sublime de aislamiento a todo lo que no sea melodía, de tu rostro, con esa fuerza plena de delicadeza, puedes y haces acompasar, dentro y fuera de mí, los alborotos de lo que cabalga y me conduce al revuelo de sentimientos y pensares...
Claudio Abbado: da alas a tu batuta, impón con la esbeltez de tu mano al vuelo, el silencio interior y todas las cuerdas y vientos que, en desorden y estridencias, no consiguen armonía en mí, volverán a formar sin ambición alguna, sin ánimo de triunfo, una orquesta falta de pretensiones que a todos y a la que te aguardaba con necesidad vital, reuna en la pasión serena y amante de la más armoniosa sinfonía.
El mundo y yo necesitamos la armonía perdida.

Mozart Claudio Abbado y Alexandro Carbonar

8 comentarios:

MARISELA dijo...

Precioso...no hay palabras para describirlo...gracias por traerlo a este post, tan bien hecho.

ARCENDO dijo...

Coincido, precioso, tanto el cuadro, que capta a la perfección al maestro con total sensibilidad, como todo lo que escribesss.
BESOS MUSICALES.

Mulacen dijo...

Oyendo la música leo en tu post "La armonía de mis días estaba desapareciendo". Me niego a creer semejante afirmación. Seguramente tú serás la armonía en la vida de mucha gente que te quiere. ¡Ánimo Militos!. Un fuerte abrazo.

Militos dijo...

Gracias Mulacen porque siempre me sobrestimas.Me da gusto verte.
Un beso

Marisela: Me alegro que te guste, eres mi fan más adorable.
besitos

Y a tí Arcendo ¿qué te voy a decir que no te haya dicho ya?
gracias, un beso

maria jesus dijo...

Nadie que escriba como tu escribes puede estar perdiendo la armonia en su vida. Le has hecho un precioso homenaje y tu hermana es una gran pintora. Un beso

amor y libertad dijo...

me voy a poner celoso del chico este abbado

¿dices que es músico? claro, bohemios, gente liberal (estoy que rabio de celos)

:p

bs

Militos dijo...

Me encanta, Santiago, verte así, jaja...
Beso

Militos dijo...

María Jesús hay que ver como me mimas.
Te quiero