martes, 2 de diciembre de 2008

NIEVE Y CARBÓN


En este caminar
de ruedas y de asfalto,
te rezo, Señor, te busco
y te miro hacia lo alto.
Pero no estás, mi Dios,
si estás yo no te veo.

Está tu imagen
urdida entre las piedras
de Tordesillas y Astorga,
restos de España medievales.
Torres que se alzan erguidas,
plañideras y orantes.

León y Ponferrada,
campanas calladas y leales.

Que no estás hacia lo alto,
hundido, Señor, entre las minas,
en el carbón tus manos consagradas.
Tu Cuerpo das en panes blancos,
más blancos que la nieve
de los montes que León
risquea en blonda blanca.

Bajando por el puerto,
unidos sin fundirse,
carbón y nieve se encontraban.
La nieve ya de bajada
perfila montes y caminos,
en surcos de carbón se cuaja.

No fue casualidad,
ni fue la ecología
que fue tu mano, Señor,
capaz y desprendida,
quien hizo que la nieve,
sin mancharse...
hasta el carbón bajara.

Escrito en el coche al regreso de Ferrol, al contemplar las minas de carbón y la nieve en 1986

2 comentarios:

Terly dijo...

Precioso poema, Militos, que como siempre sabes tocar el alma y me has inspirado estos ocho versos.

Y siempre has sido Tú, Señor,
quién en este peregrinar
de mi atormentada vida,
el pan convertiste en amor,
para nutrirme cada día,
haciéndome tenerte en mí
cuándo de este laberinto
no encuentro la salida.

Un beso

Militos dijo...

¡Ay, Terly!, esto tuyo si que me llega al alma. Exacto lo que he sentido y siento tantas veces. Gracias. Un beso