miércoles, 4 de marzo de 2009

CAMPO DORMIDO



Esta vez vine a tí, campo dormido, con la ilusión de encontrar alguna inspiración nueva para este blog, pero hice mal. Todo continua apagado y sólo algunos árboles, como el sauce y la acacia, han comenzado a estirar sus miembros intentando salir de su letargo. En ese intento perdieron su armonía. Ramas desordenadas con incipientes brotes de nuevas hojas han alterado la plasticidad de un jardín, de por si falto de equilibrio. Ellos mismos forzaron su talado, con la pena de ver caer a tierra los brotes recién nacidos a manos de una despiadada sierra manual. Como el señor de la propiedad se crió en la sobriedad no hubo manera de convencerle que ya era hora, pasados diez años de la adquisición de la misma y dado el tamaño alcanzado por los árboles, de comprar ese maravillosos invento de la sierra eléctrica.

La verdad es que tuvo intención de cumplir mi deseo. Por ello paramos en El Casar de Talamanca. Hago un inciso en la aventura de la sierra eléctrica, para explicar que este municipio que pertenece a Guadalajara, sin embargo, se apellida de Talamanca. localidad perteneciente a Madrid, por un error del topógrafo que señaló los límites geográficos. Inscrito así, así ha quedado. Sabido es que este mundo de la burocracia se impone a cualquier razonamiento. Tengo yo una amiga llamada Rebeca a la que su padre, al nacer, inscribió con V y por los siglos su nombre ha de permanecer con tamaña falta de ortografía.

Continuo con la narración inicial. Aparcamos el coche ante una bien surtida ferretería y cuando yo, emocionada por la adquisición, humedecidos los ojos y temblorosas las manos ante la realización de una de mis mayores ilusiones, daba la orden de embolsar la sierra, se acerca quien sería el protagonista de su funcionamiento con la indiscreta pregunta sobre los euros que habría de abonar, en pesetas por supuesto, ya que su españolismo no le permite renunciar a la moneda de su infancia y juventud. Escuchar el, para mí, módico precio de 30.000 pesetas, le hizo salir despavorido hacia un estante de la tienda donde una encantadora, para él, sierra de mano de color rojo ya había llamado su atención, más que nada por su módico precio de cinco euros que eso sí, no hizo falta ni traducirlo en las rubias de nuestros años mozos. De nada sirvieron mis protestas, ni mis sanas intenciones de ahorrarle esfuerzo y energía. Su respuesta:
"Tú es que no te has enterado de que estamos en crisis".
¿Crisis? dije yo:
"Si solo lo hago por tí, al fin y al cabo yo no voy a mover ni una mano en la tala de árboles".
La realidad es que pensaba también en el sufrimento de los árboles. Me figuro que su dolor se agudiza con ese ir y venir de una sierra manual, clavados su dientes una y otra vez en las ramas tan firmemente entroncadas. Juzgo que es someterles a un martirio innecesario y sádico. Donde esté un buen tajo mecánico que se quite todo lo demás.

Ahí lo tienes, querido blog, contemplando sierra en mano cómo va su obra con el sauce que sin duda este verano va a ser más llorón que nunca.


Resumiendo, que estos días de aislamiento internáutico se convirtieron en llanto y congoja al ver por los suelos las ramas de nuestros árboles, plantados un día en la inocencia de su transformación en gigantescos centinelas de este pequeño terreno que heredaran unos hijos que, como dice su padre:
"Con cuatro chicazos que tengo (no menciona a sus seis hijas), ninguno es capaz de echarme una mano". Esa es su canción al compás de la económica herramienta de ángulo obtuso

Esa es su canción y la mía: "Y yo aquí sin internet", hasta que se me ocurrió aprovechar, en plena queja paterna, para deslizar una sugerencia:

"¿Y si vendemos esta casa?", pero no me escuchó o no quiso escucharme, pues el chirriar de la sierra se hizo más agudo: ¡Riach..., Riach... Riach...

Alcé la voz para añadir:

"No, si yo lo digo porque así los que no te ayudan en nada, nada heredarán y de paso nosotros viviremos más desahogados, sin movernos de Madrid".

Algo debió de llegarle porque preguntó:

"¿Decías algo de Internet?"

4 comentarios:

ARCENDO dijo...

A tí, hasta sin inspiración te salen estas cosas tan... bonitas, eso de "sufrir" por los árboles talados, es.... emocionante, me encanta, porque yo tambíén siento el hacha del ínfame podador, cuando se arrancan ciertas ramas...Besos, talamanquesa.

maria jesus dijo...

Pues te entiendo. No se que tiene un trozo de tierra propio para un hombre. Y los hijos siguen siendo hijos toda la vida, gente de lo mas capaz , se vuelven inutiles en cuanto pisan la casa paterna.

En cuanto a la sierra yo lo sufrí al reves. Cualquier cosa que tuviera motor ejercía un efecto iman para mi marido, así que tuve cacharros en los altillos, sin estrenar, para aburrir.
Un beso

P.D. Tampoco puedo entrar al blog de Arcendo

Militos dijo...

Arcendo: de acuerdo con tus sentimientos cuando se arrancan esas ramas que dices. ¡qué tristeza!
¿Qué cosa tan rara me has llamado?
Un beso de tala...no sé qué


Mª Jesús: jaja..qué razón tienes con lo de la inutilidad de los hijos en la casa paterna, yo creo que la culpa es nuestra.
Pues si no te has deshecho de ellos podías traspasarme algunos utensilios motorizados, por módico precio, claro está.

Supongo que ya podrás entrar en el blog de Arcendo, después del susto que nos dió parece que ya se arregló. Seguro que se está riendo de nosotros por alarmistas, claro que la culpa fue mía por alarmaros.
Besitos, niña

Esveritate dijo...

Militos, me he agregado como seguidor y tienes un enlace en mi Blog La Verdad de la política.

Saludos