domingo, 17 de octubre de 2010

GRACIAS, POR JUGAR CONMIGO




Hoy intenté levantarme de la cama de golpe, como siempre lo había hecho y sentí mi cuerpo como un acerico de aquellos que, en el colegio, pinchábamos con alfileres de colores. Los había de todas clases, de cabezas pequeñas, grandes, transparentes, brillantes, opacos, largos, cortos... Jugábamos a montarlos unos sobre otros y el que montaba ganaba el montado, así la colección se iba aumentando o disminuyendo según la destreza de cada una -a esto sólo jugaban las niñas-. Los acericos solían ser de papel arrancado a los cuadernos, tenían distintas formas, triángulares, cuadrados o redondos. A mi, niña tranquila, era a lo que más me gustaba jugar en los recreos  por lo que llegué a alcanzar una notable destreza.


¡¡Preciosos alfileres de la infancia!! Los de hoy, del cuerpo y del alma, ya no tiene colores tan bonitos ni son tan atractivos, pero es mejor aprender a jugar con ellos que lamentarse de haber comenzado a coleccionarlos, de manera involuntaria. Es la única forma de sacarlos provecho.

GRACIAS, SEÑOR, POR JUGAR AHORA CONMIGO

          

7 comentarios:

Militos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marisol dijo...

Este tipo de alfileres me encantan.
Te dejo muchos saludos berlineses.

mluisa red dijo...

Gracias por tu delicadeza para jugar con los alfileres.
¡En nuestra fragilidad está nuestra fuerza!

Es la primera vez que entro en tu blog y me quedo contigo.
Un fuerte abrazo

Terly dijo...

Mis hermanas también jugaban con ellos y yo que era más pequeño y no me hacían caso cuando se ponían a ello, se los escondía.
Un beso, Militos.

Maria Jesus dijo...

Hay dias que uno descubre en su cuerpo partes que no tenía n i idea de que existian

Un beso y cuidate

Julio dijo...

Muchas gracias,por existir
querida Militos

ARCENDO dijo...

Yo también te doy las gracias por todo, y también por estos post, tan coloridos y bonitos, donde alternas magistralmente dolores y amores..., al fín y al cabo casi siempre van de la mano
BESIÑOS