lunes, 30 de noviembre de 2009

ORACIÓN POR ESPAÑA


Divino Corazón de Jesús:
Ante la vista de tantos males como presenciamos en nuestra Patria,
cómo merecido castigo de nuestros públicos pecados,
recurrimos a Vos suplicando vuestra misericordia
a favor de este pueblo de vuestra predilección.
Acordaos de vuestra promesa de reinar en España y con más veneración que en otras partes.
Que vuestro reinado de amor se establezca ya en nuestra querida España.
Que prenda aquí con más fuerza ese reinado divino y de aquí se comunique por todo el mundo.
Sea vuestro Divino Corazón la victoriosa bandera que presida nuestras justas ansias de restauración tradicional misionera y nos dé
la victoria contra todos los enemigos de Dios y de la Patria.
¡Virgen del Pilar, Inmaculada Reina de España, acelerad el reinado del Corazón de vuestro Hijo!
AMÉN
P. jOSE MARÍA ALBA CERECEDA S.j.

jueves, 26 de noviembre de 2009

PLACER DE DIOSES


Tres días tres, sin internet, todo un record para mi. ¿Qué hice? Infinidad de cosas:

Tomar el sol, respirar aire puro de sierra y jaras, recoger hojas y hojas caídas, contemplar desde el porche como volvían a caer... terminar de leer un libro que tenía pendiente, charlar con el jefe del clan familiar, claro que eso ya lo hago en Madrid cuando estoy escribiendo en el ordenador y me cuenta cosas tan interesantes e imprescindibles que le escucho con atención mientras tecleo, al fin y al cabo, la ventaja de esto es que no se necesita el oído para escribir o mirar la pantalla. Bueno, lo más emocionante de todo fue las cinco o seis horas que empleé nada más llegar en limpiar el frigorífico y el congelador. No os podéis imaginar qué gozada.

Resulta que, como hormiga previsora, al final de agosto, al presentir que no volveríamos en un tiempo largo, por operaciones y demás, dejé los dos elementos del frío abarrotados de provisiones. Cual no sería mi sorpresa al ver los alimentos congelados desinflados y escuchimizados, expandiendo un olor fétido por toda la casa. Aroma que aún se haya instalado de manera persistente en mi olfato. Ni tan siquiera tuve tiempo de enfadarme, esas contrariedades son las que nos hacen fuertes frente al desaliento. ¿Qué pudo pasar? Por lo que me dijeron, un potente y lárguísimo corte de luz, un mes atrás, ante el cual el diferencial no tuvo a bien volver a su sitio. Y yo que había pensado que me aburriría en aquellas soledades, ya véis ni siquiera me dió para echaros de menos, bueno sólo el primer día.

El otoño soleado que pude disfrutar, antes de la llegada de las lluvias, fue un exitoso reconstituyente para mi ánimo tan baqueteado últimamente. Los árboles que todavía amarraban sus hojas al tronco, tenían esos tonos entre oro y gualda de bandera española y, en su contemplación, las lágrimas hacían laguna junto a los labios. Las otras, las caídas, formaban un tapiz en el cesped que pena daba arrebatarle ese abrigo. La parra, granate y brillante, jugueteaba con el boxer de los vecinos y el verde del madroño, serpenteado de frutos rojos y amarillos simulaba un pre-aviso navideño. Placer de dioses el campo en otoño cuando los rayos del sol no queman, acarician el paisaje y el alma a la par que el cuerpo.


Pero el momento más disfrutado de estos breves días, fue el de contemplar una maceta plagada de petunias tardías, rojas y blancas, que habían sobrevivido a mi ausencia y falta de riego. Emocionada, no dudé en cortarlas para dejarlas entre las manos de la Virgen del jardín y dejarlas de vuestra parte, con un recado de cada uno, la más cercana al regazo de la Madre, con el mensaje del más contante de mis seguidores.

sábado, 21 de noviembre de 2009

MI DIARIO


Viernes, 20 de noviembre de 2009


Una de las cosas buenas que tiene el cada día es que nunca es bueno o malo del todo, como las semanas, los meses, los años, incluso como la vida misma o las personas o el mundo en que vivimos. Lo que ocurre es que lo malo resalta más que lo bueno y se queda pegadito al recuerdo inmediato, sin embargo la memoria del tiempo lejano es mucho más sabia y por lo general, va tachando las cosas malas o molestas para resaltar los bellos recuerdos de la infancia o la juventud. Esto, por supuesto ocurre en las personas normales porque en esos otros resentidos o cenizos, como decía mi madre, nunca supe bien el significado de esta palabra cuando se aplica a personas, sólo almacenan en su corazón, donde tiene lugar el pensar, todo aquello nefasto o penoso cuya culpabilidad se quiere achacar a los demás.

Lo cierto es que esta noche no venía yo aquí a filosofar, sino simplemente a contar mi día de hoy, porque más o menos este blog viene a ser como uno de aquellos diarios que empecé a escribir a los trece o catorce años.

Este 20 Viernes, no comenzó bien del todo porque tuve que anular mi viaje al Puerto de Santamaría, a donde pensaba irme este domingo, a causa de las alteraciones que últimamente tengo en la tensión, con el consabido trastorno de cambio de billetes de Renfe y demás. Sin embargo, con la llegada de mi nieto Gonzalito, en brazos de su padre, como debe ser, ya que la madre tiene bastante con criarle. Respecto a esto me viene un recuerdo de mis primeros años de casada, de hecho sucedió con mi primer hijo, hija en este caso. Paseábamos por las calles estrechas y curvadas de San Fernando, cuantas curvas habría en ellas que al único autobus que recorría el pueblo le apodaban "EL CHULO" por la cantidad de virajes que se veia obligado a hacer el conductor al circular sin subirse a las aceras (he de preguntar a una bloguera que vive por ahí, si aún le aplican ese calificativo). Como iba diciendo, paseábamos por una de esas calles con el cochecito del bebé que su padre conducía maravillosamente, cuando una airada gaditana se encaró conmigo en actitud excomulgante y me gritó:

"Mírala el marido cargando con el coche y ella tan fresca". Ahora la comprendo, la pobrecita no sabía nada de eso de la IGUALDAD ¡Cuánto hemos avanzado en ese terreno!

Ya me he perdido... Ah si, decía que la llegada de mi nieto me alegró la mañana aunque acababa de perder la posibilidad de irme con él, pero en fin... Me hizo mucha ilusión comprobar que no me ha olvidado, le pude coger, besar y hasta hacerle reir, sin que se quejase en nigun momento. La que se enfadó conmigo fue mi hija porque, en un intento de congratularme con él, se me ocurrió decirle:
"Pobrecito mío dentro un mes al colegio, bueno guardería, a sufrir". Casi me lo quita de los brazos diciéndome: "Mamá ¿cómo le dices eso al niño? ya le estás malcriando, al colegio no se va a sufrir, se va a aprender, a hacer amigos, a formarse..." Tuve que recoger velas porque ella tenía razón, aunque con tres meses no creo que se enterase de mucho.

Salvo esta metedura todo fue estupendo y entrañable hasta que se fueron. Hay que repartir el disfrute del niño con la otra abuela, lo comprendo.


Menos mal que luego venía a casa otro de mis nietos, algo mayor, con el que también disfruto a pesar de sus diecisiete años, pero mi gozo en un pozo, nunca pensé que él me diera semejante disgusto. A los pocos segundos de llegar, empiezo a notarle algo raro, no me miraba de frente y sólo me enseñaba un lado de su cara, como a fuerza de experiencia he llegado a tener un sexto sentido en esto de los chavales, le obligué amorosamente a mostrarme el lado oculto de su rostro y ¡oh penar! su oreja roja, roja como un tomate me preocupó: ¿Qué te pasó, te has dado un golpe, te has pegado con alguien...? No me llegaba respuesta alguna, hasta que a fuerza de cavilar, le dije que si aquello era que se había puesto un pendiente como sus amigos. Callaba y negaba, negaba y callaba, hasta que mis lágrimas y mi dolor fue tan patente que dijo la verdad: aquello era la huella de un pendiente que se había quitado para verme. Sé que me pasé, pero téngase en cuenta mi problema tensional. Cómo sería que se lo sacó del bolsillo y lo pisó con toda su fuerza y enfado. Le dije que tampoco era eso, cuando la cosa ya no tenía remedio.

Mi día terminó así, más chafado que el pendiente. ¡Qué me tengan que suceder a mi estas cosas un 20 de noviembre!
Por favor que alguien me consuele.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

A LA FUENTE DEL QUERER



Ayer fui, como Catalina, a la fuente del querer. Lavé en ella mis vestidos, mi cara, mis manos, puse a orear la ropa en el pequeño prado, recordando aquel verano en tierras asturianas. Frente a la casa un "prau" verde, era asiento y lecho de las blancas coladas que, si mal no recuerdo, se extendían sobre él enjabonadas para que, sin echar mano a la lejía, blanquearan bajo los rayos del Sol.

Ayer mi alma lavada en la fuente del querer, extendí al Sol que siempre arde. penetró en mi ser y blanqueó los rincones más ocultos de la estancia cerrada. Allí te encontré, como siempre aguardando mi remolona llegada. de tu boca no salió un reproche y cuando mi cabeza abajaba porque creía merecerlos, Tú me miraste, yo te miré y todo ese amor que para ese momento guardabas parecía decirme: "Zaqueo baja de la higuera que quiero hoy hospedarme en tu casa".


Y bajé, Señor, apresurada y temerosa. ¿El Señor en mi casa? Y, como Zaqueo, quise dártelo todo, riquezas, dinero, bienes, pero me di cuenta que de eso ya no me queda nada. ¿Qué puedes querer de mi si sólo tengo preocupaciones, disgustos, dolores físicos y morales, cansancio, debilidad, trabajo, alegría forzada...y amor, mucho amor? ¿Quieres eso, Señor? ¿Son esos mis tesoros, mis riquezas? ¿Cómo agasajarte con eso?


No tuve respuesta, pero el Señor se hospedó en mi casa.