miércoles, 3 de marzo de 2010

AGOBIO


HOY TOCA AGOBIO


Y para el agobio no hay nada mejor que un Salmo bíblico.



SALMO 76


Alzo mi voz a Dios gritando,

alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío,

de noche extiendo las manos sin descanso,

y mi alma rehúsa el consuelo.


Cuando me acuerdo de Dios, gimo,

y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,

y la agitación no me deja hablar.


Repaso los días antiguos,

recuerdo los años remotos;

de noche lo pienso en mis adentros,

y meditándolo me pregunto:

"¿Es que el Señor me rechaza para siempre

y ya no volverá a favorecerme?

¿Se ha agotado ya su misericordia,

se ha terminado para siempre su promesa?

¿Es que Dios se ha olvidado ya de su bondad,

o la cólera cierra sus entrañas?


Y me digo:"¡Qué pena la mía!

¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!"

Recuerdo las proezas del Señor,

sí, recuerdo tus antiguos portentos,

medito todas tus obras

y considero tus hazañas.


¡Dios mío, tus caminos son santos;

¿qué dios es grande, como nuestro Dios?


Tú, oh Dios, haciendo maravillas,

mostraste tu poder a los pueblos;

con tu brazo rescataste a tu pueblo,

a los hijos de Jacob y de José.


Te vio el mar, oh Dios,

te vio el mar y tembló,

las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,

retumbaban los nubarrones,

tus saetas zigzagueban.

Rodaba el estruendo de tu trueno,

los relámpagos deslumbraban al orbe,

la tierra retembló estremecida.


Tú te abriste camino por las aguas,

un vado por las aguas caudalosas,

y no quedaba rastro de tus huellas;

mientras guiabas a tu pueblo como a un rebaño,

por la mano de Moises y de Aarón.


VUELVE, SEÑOR, A GUIARNOS, EN MEDIO DE ESTAS

AGUAS TURBULENTAS.

martes, 2 de marzo de 2010

CRISTO DORMIDO


Esta noche no quiero devanarme los sesos pensando cosas interesantes para escribir. Esta noche no quiero atraer la atención de nadie. Esta noche voy a reflexionar para mi, sólo para mi. Me da lo mismo equivocarme, tener faltas de ortografía o de teclado. Únicamente me escucho yo.


Y en esta escucha, he oído tu voz. Pensé que dormías, vi tu rostro placentero y tu cuerpo abandonado al vaivén de las olas. No quise despertarte, me dije que como otras veces me las arreglaría yo sola. Y me acabas de hablar, no me cabe duda, esa idea que me acaba de asaltar no puede ser mía porque soy un zoquete. Te lo pregunto a las claras:

¿Me acabas de decir que no duermes? ¿Qué son imaginaciones mías?

¿Qué Tú nunca has estado dormido ni en la barca de Pedro ni en la mía?

¿Que cuando yo te creo dormido, no es que te haya vencido el sueño, a ti que venciste la muerte?

¿ Qué simplemente cuando pienso que no estás despierto para echarme una mano es porque yo te he olvidado, te he apartado de mi acontecer diario?


¿Cómo he podido ser tan torpe y tan ciega? Ahora lo sé porque esta noche me lo has revelado, duermes no porque te retires de mi lado, sino porque yo te he olvidado en medio de las tempestades del mundo y en medio de la calma chicha. Tal vez cuando dijiste a tus apóstoles: "Velad y orad para que no caigáis en tentación", te estabas refiriendo a la tentación de olvidarnos de ti. Ya sé que es fácil tener tu presencia cuando voy a Misa o al templo a orar o aparco los trabajos para rezar el Rosario, pero mantenerte despierto en el alma siempre es otra cosa:

Es estar alerta ante las adversidades o ataques que nos hacen saltar.

Es no perder los estribos ante las barbaridades que vemos en la sociedad.

Es no servirnos de los malos modos con el que tenemos al lado por cualquier motivo que contraríe nuestros gustos, costumbres o ideas.

Es mantener la paz en la familia, en el trabajo, en la sociedad.

Sí, tienes razón, ¿no la vas a tener? Pero hay que ver lo que cuesta en ocasiones, supone un esfuerzo, un dominio del amor propio, de la soberbia. Y te lo digo ya de antemano, si no consigo mantenerte despierto en mi interior, la tempestad, el oleaje, me hará naufragar en ese mar donde navegar no siempre es placentero.


¿Estás seguro, Cristo mío, que mantenerte despierto en nuestro interior no depende de ti? ¿Qué es trabajo mío, de nosotros los que nos llamamos cristianos?

Creo que tienes razón, que eso no lo he inventado yo porque ya dije que hoy no pensaba devanarme los sesos.
Tú lo has dicho, tú no te dejas nunca vencer por el sueño

domingo, 28 de febrero de 2010

¡¡ AUPA CHILE !!


Un hermoso video de Chile con el que quiero enviarles mi apoyo, oraciones y cariño para acompañarles en estos momentos de dolor que deseo superen con fortaleza y confianza en Dios.
Que todas las víctimas:

DESCANSEN EN PAZ






SIEMPRE CON VOSOTROS

viernes, 26 de febrero de 2010

DEMASIADO JÓVENES

PALABRAS DE IGNACIO ARSUAGA

¿Realmente podemos acabar con el aborto? ¿Podemos parar la apisonadora de la muerte?

Si nos fiamos del Gobierno, parece imposible. Si atendemos al caso que nos hacen a los ciudadanos que nos hemos manifestado en numerosas ocasiones a favor de la vida, es difícil tener esperanza.

Y sin embargo, como decía William Wilberforce, el principal artífice de la abolición de la esclavitud en Inglaterra, “somos demasiado jóvenes para darnos cuenta de que es imposible”.

De nuevo, Javier Jiménez ha hecho un vídeo que transmite, de forma magistral, la esperanza de los que sabemos que esta batalla está ganada. No sé si veremos los frutos dentro de 10, 20 o 30 años, pero el aborto se abolirá. El guión es de Pablo García Ocaña.

Pincha en la siguiente imagen para ver el vídeo:





NO FALTES EL 7 DE MARZO A LA CITA CON LA VIDA

jueves, 25 de febrero de 2010

LA INFANTERÍA DE MARINA Y YO

EN EL 473 ANIVERSARIO DE SU CREACIÓN


Más de cincuenta años de mi vida los he invertido en la Infantería de Marina española, no de manera directa, pero sí de una forma tan conjunta que no podría desmarcarme de ellos. No los voy a recorrer en este post de manera detallada porque, entre otras cosas, ya están vividos, forman parte del pasado, pero sí quiero alegar que desde el primer momento en que, aún adolescente, dije sí al amor perdurable, supe que lo hacía doblemente. Conocía a la perfección que este Cuerpo de la Armada, para todos los efectos, era algo inseparable de mi noviazgo y mi matrimonio. Desde el primer momento de mi relación, Ella, la Infantería de Marina, de la que a penas había oído hablar, pues en mi familia lo que privó siempre fueron los barcos, comenzó a adueñarse de mis pensamientos, palabras y obras, nunca de omisión alguna.



¿Sacrificios? ninguno, sólo entrega a Ella por él y por Ella a España o por España a Ella, esto es algo que nunca pude discernir. Todo lo fui viviendo según Ella lo necesitaba.



Un noviazgo de cinco años con más separaciones que encuentros; a veces desánimos por la distancia y el largo porvenir; emociones y entusiasmo al ir conociéndola a través de conocerle a él; sentimientos encontrados de amor y temor, de felicidad y nostalgia, de deseos de realización e imposibilidad de llevarlos a término a corto plazo. Viví la formación militar y la formación prematrimonial al mismo tiempo, por carta y alguna que otra llamada telefónica controlada por la autoridad paterna. ¡Si el móvil se hubiera inventado por entonces! Pero lo conseguimos, nos formarnos en las dos materias y creo, modestia aparte, con un notable alto.



La primera prueba entre Ella y yo apareció cuando, el día antes de nuestra boda, no se había recibido la autorización del Ministro de Marina, Almirante Abárzuza que se encontraba de viaje oficial. Era éste un requisito imprescindible para que cualquier marino o militar contrajera matrimonio con la elegida por él. Documento que se firmaba una vez investigada intensamente la prometida en cuestión. Aquel incidente se resolvió de inmediato con la amenaza de mi Infante de declararse en rebeldía, si no se le entregaba en el acto.



Otra cuestión que creí nunca podría superar, a pesar de lo satisfecha que me sentía de ser yo misma parte integrante de la Infantería de Marina, la más antigua del mundo, coletilla que siempre escuché unida a la mención de la misma, fue la de las frecuentes noches de guardia a realizar por el susodicho Infante. El miedo que pasaba en la soledad de aquellas casas rudimentarias de San Fernando, era superior a todo el esfuerzo que ponía en superarlo. No encontré otra solución, puesto que no se me permitía hacer la guardia con él, algo que nunca acabé de entender, ya que me consideraba, de manera inseparable, esposa e Infante, que entregarme ávidamente a la lectura de libro tras libro hasta que la luz del amanecer cegaba mis ojos.



Este inconveniente se fue solucionando por sí solo a medida que los niños fueron llegando, los miedos entonces eran de distinta índole; enfermedades, catarros, asma, cinco sarampiones a la vez (no existía la vacuna) cuatro paperas, cinco varicelas...etc... Eso era pavor al que no quedaba otra que hacerle frente, tanto sola como acompañada.



Hoy no quiero alargarme más, en otra ocasión puede que me vengan más recuerdos de esta vocación conjunta de Infante de Marina, siempre orgullosa y feliz de haber sido llamada a este glorioso Cuerpo.



Este video que me llegó en Facebook, me ha tocado el corazón y ha motivado mi entrada de hoy.




VALIENTES POR TIERRA Y POR MAR

sábado, 20 de febrero de 2010