Hay un poeta hispanoamericano que siempre tuvo palabras para mi alma, pero es que además le estoy profúndamente agradecida porque en el éxamen de Preuniversitario, equivalente al C.O.U. actual, saqué un 9`95 gracias a él (la media décima me la quitaron por una falta de ortografía). El tema a desarrollar era sobre los escritores hispanoamericanos y después de redactar las características generales me volqué con AMADO NERVO y no me dió tiempo para tratar alguno más.
Por estas circunstancias, al tropezarme hoy con un gran poema de este autor, he pensado traerle al blog para que disfrutéis con él y en él aprendamos una buena lección. Siempre he pensado que la buena poesía, embellece el alma, nos acerca a Dios y al prójimo, por eso debemos darla a conocer y no guardarla para uno mismo.
Si una espina me hiere, me aparto de la espìna,
pero no la aborrezco.
Cuando la mezquindad envidiosa en mi
clava los dardos de su enquina,
esquívase en silencio mi planta, y se encamina
hacia más puro ambiente de amor y caridad.
¿Rencores? ¿De qué sirven?
¿Qué logran los rencores?
Ni restañan heridas ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores;
si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,
se llevará las rosas de más sutil esencia,
y si notare en ellas algun rojo vivaz,
será de aquella sangre que su malevolencia
de ayer vertió, al herirme con encono y violencia
y que el rosal devuelve, trocada en flor de paz.
Amado Nervo
Como decía otro gran poeta, Jose María Pemán:
...Y esta fe en la poesía
que forma parte
de mi fe cristiana.






