El corazón es una auténtica caja de sorpresas, por eso está mejor bajo llave y en caso de abrirlo, mejor es hacerlo despacito, con cuidado, para que el monigote encerrado no nos rompa de un solo golpe, por dentro y por fuera.
Es tan fácil romper el corazón. No hablo de roturas trágicas o amorosas, simplemente una palabra mal dicha o mal interpretada un olvido, un desaire..., puede convertirse en un mundo para él. Mejor que llevarlo en la mano para darlo al mejor postor, es reservarlo, guardarlo, protegerlo. Por mucho que haya caminado en la vida el corazón, tu corazón, nunca dejará de ser un niño indefenso que se arrima a cualquiera, que se agarra de cualquier mano, que está deseando dar y dar sin saber a quien se entrega. De ahí las decepciones, el desencanto en la amistad, en el cariño fraterno. Cuando la víscera más sensible del cuerpo humano ama quiere ser unico y la realidad es que nadie lo es, ni siquiera para los hijos. Unico sólo Dios y unico tú para Dios
Amar sí, pero la guarda del corazón es como la trinchera en la guerra, la armadura en la batalla, el escudo en el duro combate de la vida.
Abre tu caja de sorpresas únicamente cuando tengas la seguridad de que alguien lo merece, de que vas a ser correspondido en la misma entrega.
Y te lo aconseja alguien que ha caminado leguas en la vida y aún no aprendió la lección





