Aquella tarde de noviembre nada contenía mi llanto, no cuenco donde almacenar mis lágrimas, entre mis dedos hermoso ballet de transparencias. Imposible continuar con aquel derroche, en aquella caída a la nada. Mis lágrimas al pozo de la vida, Dejé de llorar, cubrí mis hombros con el chal de los momentos triste. Ya no penar, cerré la puerta tras de mi.
Caminé entre las gente, buscando un rostro donde verter mi llanto, pero a nadie encontré que mereciera tal regalo . No sentía cansancio, sólo el corazón mordía mis pulmones ahogando mi respiración... No supe el espacio recorrido, el tiempo empleado y llegué. Hubiera preferido encontrarme sola frente a ti, playa de Ares, remanso de Coruña, pero la soledad del hombre siempre atraca junto al mar.
No pido compañía, el caudal de mi llanto busca donde derramarse de un solo vuelco, arrodillo en la arena el intento de aislarme, ocultarme en la sombra de quienes pisan el mar.
Todo gris, todo transparente, todo noviembre, un unico velero hacia adentro tiende al aire su vela de sueños y esperanza.
Cuando el peso de mis lágrimas se hace volcán, levanto los ojos del alma y ¡allí estás! solitaria, en lágrimas, como yo:
Barca que del árbol seco, fuiste nuevo fruto,
barca que a los sueños mandas navegar,
con mimo, con angustia materna,
entre los aparejos mis lágrimas
pido acoplar.
Cayeron de mis ojos, cayeron de los siglos,
dolor en el lagar.
El llanto que ahora vierto, no temas recoger,
es el dolor del mundo,
es el dolor del mar.
De un barco viejo brotarón
a otra playa buscan arribar.
Volverán a mi, de nuevo en mi pañuelo,
amor se tornarán.
Fotografías tomadas, muy mal por cierto, de la Exposición de 15 oleos de mi hermana Carmina.







